jueves, 26 de mayo de 2016

Kelevra, o la stout diferente..

Los que habéis seguido nuestra historia en estos años sabéis que somos unos cerveceros un tanto peculiares en más de un sentido. Comenzamos nuestras andanzas haciendo una Kölsch para acto seguido sacar una imperial stout de 8,8º, nuestra Oso Negro, antes de meternos en recetas más sencillas. Poco después sacamos dos sour al mercado, cuando apenas nadie en el panorama nacional las hacía (quitando maravillosas excepciones); Striga, algo parecido a una Berliner Weisse y Strigoi, una sour porter, hechas a partir de levaduras de sidra. ¿Y por qué vamos un poco contracorriente de lo que hay en el mercado? Pues amigos, porque en el mercado hay de todo, malo, regular, bueno y muy bueno. Y estoy hablando del panorama nacional. Y hay mucho de todo. Y al final, somos unos culos inquietos, deseosos de probar y hacer cosas nuevas.

Es cierto que hemos dicho alguna vez que F**k the hops, y sacamos la Vendetta de Malta como contrapunto a la moda de las IPAs que se iba imponiendo en el mundillo. Pero no porque no nos guste el lúpulo, nos gusta como a todos. Nos encanta de hecho. Pero nuestros gustos siempre han ido en otro sentido, en el de usar más malta, y hacerlo de forma diferente. Hay maravillosos fabricantes que usan el lúpulo con maestría, dejándonos una gama de sabores realmente amplia y deliciosa. Pero, ¿cómo te das a conocer siendo una fábrica pequeña entre tanto grande? Haciendo algo totalmente diferente.

Y es por esto por lo que nació la Oso Negro, Striga, Strigoi, la Gran Vendetta, Estigia, Estigia II (estas tres últimas colaboraciones con la gente de Guinea Pigs! e Yria), o la Skoria, barley wine con gengibre y naranja hecha con las amigas de Implik2. Son cervezas en las que se buscan sabores y aromas más allá de los proporcionados por los lúpulos. Y es por esto también por lo que llegó Kelevra.

La Kelevra no es una stout al uso. No es a lo que nos tiene acostumbrados el mercado, cervezas cada vez más densas, alcóholicas. Lo que vienen siendo petróleos. ¿Por qué sacar algo parecido a lo que ya hay, cuando hay infinitos caminos por recorrer? Kelevra es una cerveza complicada, eso es cierto. De cuerpo ligero, con un aroma según sale de botella algo ácido, con notas a vino tinto. Pero dejándola respirar un rato, el perfil cambia. Comienza a salir la malta, a surgir el aroma a café y cáscara de mandarina y los taninos quedan relegados al fondo del retrogusto. A Kelevra le gusta oxidarse un poco, complicada que es ella. Y desde luego, no le gusta nada el frío.

El nombre viene del hebreo, y significa "perro malo". Y desde luego tiene este perfil difícil al principio, pero que con un poco de mimo y tranquilidad al beber se transforma.

No somos convencionales, y seguramente no lo lleguemos a ser, por más que ahora tengamos una línea de cervezas digamos estándar. Tenemos en cartera una porter con cacao y chocolate, una imperial stout de 13º embarricada hasta navidad, más barley wines por hacer y otros tantos estilos que huyan un poco del lúpulo. Porque queremos ser diferentes.

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